viernes, enero 30, 2009

LIBROS & ENSAYOS. LAS CONDICIONES DEL LIDERAZGO FUNDACIONAL: UNA REFLEXIÓN OBLIGATORIA
. Enrique Szewach. La eterna novela argentina. Historia de un suicidio. Buenos Aires: Ediciones B, 2008, 189 páginas.

Cuando vi a Enrique Szewach en Buenos Aires, hace algunas semanas, me confesó que la mayor sorpresa creada por la recepción de su libro había sido la tremenda diversidad de opiniones expresadas por los lectores. Estoy por agregar otro punto de vista, porque a mí también me sorprendió La eterna novela argentina. Al abrir esta "novela-ensayo", pensaba encontrarme con largas exposiciones —presentadas en forma de diálogo entre los personajes— sobre los problemas económicos de la Argentina. Si bien hay interesantes discusiones sobre la educación, la salud, y los ciclos político-económicos, lo esencial está en otra parte. El verdadero propósito de Enrique Szewach —si lo interpreto correctamente— consiste en provocar una reflexión sobre las condiciones del liderazgo fundacional. Dicho de otra manera: si lo que Usted busca es un análisis de la coyuntura económica del país, vaya a los Szewachnomics. Si, en cambio, necesita un "shock" para comenzar a reflexionar sobre el liderazgo fundacional, lea La eterna novela argentina.

¿Novela o ensayo?
¿Cuánto "talento novelístico" encontramos en este pequeño volumen? No estoy muy seguro. Por un lado, Enrique consigue mantener el suspenso hasta el final: no es un logro menor. Por otro lado, el ensayista-novelista se empecina en presentar personajes "promedio". Pedro, Graciela y el narrador expresan las típicas preocupaciones de porteñas y porteños de clase media; sus (esperables) reflexiones sobre el sexo y las relaciones hombres-mujeres no llegan a entusiasmarme. En lo personal, lo que busco en un personaje de novela es, precisamente, que no sea "promedio". Lo que me atrae en una novela es la pasión de una Servilia en Fortune's Favorites, la energía de un Beaumarchais en Waffen für Amerika, la versatilidad de un Pierre de Siorac en Fortune de France. Para alguien "promedio" me basta y me sobra conmigo mismo. En síntesis: hay más talento novelístico de lo que imaginaba, pero los personajes requieren elaboración. De todas maneras, el interés está en otra parte.

Antes de mencionar el tema crucial del liderazgo, quiero referirme brevemente a tres cuestiones puntuales. La primera es la mención de Reuven Brenner; aquí me siento en parte responsable, puesto que fue a través de Mackinlay's que Enrique conoció las ideas de este economista canadiense (el hecho fue generosamente reconocido en su momento en Szewachnomics). El segundo punto es la muy interesante interpretación —ofrecida por el narrador— del vínculo entre la volatilidad del ciclo económico y la ausencia de independencia judicial. No diré nada más: solamente por estas reflexiones, desarrolladas hacia el final del libro, vale la pena leer La Eterna novela argentina. Finalmente, si tuviera que resumir la conclusión del autor sobre las consecuencias económicas y políticas de nuestros des-gobiernos, diría lo siguiente: a pesar de la constante retórica populista, la ausencia de rigor institucional contribuye a agrandar la brecha entre ricos y pobres — sin que uno perciba el final de este dramático proceso. A notar, desde este punto de vista, el uso de la palabra "equilibrio", siete veces empleada (incluyendo una referencia a la falta de "equilibrio de poderes").

Vayamos entonces al punto central: la ausencia de liderazgo fundacional. ¿Cómo saldrá la Argentina de lo que uno de los personajes llama "su enorme e inexplicable fracaso"? De manera tentativa, el lector entreve dos escenarios: o bien habrá líderes con un "plan de acción" (noción curiosamente morenista), o bien será necesario —como dice la catalana (y siempre desnuda) Camila— "importar instituciones". Enrique Szewach no pretende ofrecer respuestas a este interrogante: no es su objetivo. Su propósito es dejar planteada, de la manera más escalofriante posible, la necesidad del liderazgo fundacional. ¡Y vaya si lo consigue! El escenario queda así planteado para una segunda "novela-ensayo": pero esta vez se necesitarán líderes fundacionales — no podrán ser personajes "promedio".

3 comentarios:

kop_op dijo...

Hola Agustín, por esas circunstancias que a veces cruzan el camino de uno, hace tiempo que no leo una buena novela. Creo que pronto buscaré una, estimulado por lo que me gustó de tu reseña:
... (el autor) se empecina en presentar personajes "promedio"... que expresan las típicas preocupaciones de porteñas y porteños de clase media; sus (esperables) reflexiones sobre el sexo y las relaciones hombres-mujeres no llegan a entusiasmarme. En lo personal, lo que busco en un personaje de novela es, precisamente, que no sea "promedio"...
Y gracias por el remate: ...Para alguien "promedio" me basta y me sobra conmigo mismo...
Buen domingo y comienzo de mes,
Federico

Agustin dijo...

Federico. Yo tampoco leo novelas desde hace ... años. Me gustan más las novelas históricas: Collen McCullough, Robert Merle, Lion Feuchtwanger, Gore Vidal ("Julian"). En cuanto a las latino-americanas, Alejo Carpentier está en el top de mi lista. De Isable Allende no pude leer más de media página ...

Saludos,

AM

Enrique dijo...

Hola Agustín. Ante todo, muchas gracias por haber leído el libro y por la reseña que valoro enormemente. Efectivamente, la novela ha generado reacciones e interpretaciones de una diversidad inesperada para mí. Respecto de la tuya, comparto tu planteo general respecto de lo que me interesó transmitir. Paso a tu "crítica" respecto de los individuos promedio. La verdad es qué, más állá de mi talento novelístico, así quise construir a los personajes. Lejos del heroísmo épico, de la trascendencia, de la grandilocuencia espiritual. Porque son los individuos promedio los que integran la mayoría de las sociedades y los que pueden, a través de sus acciones, permitir el surgimiento de los liderazgos fundacionales. Me parece que es justamente eso, lo que hace verosimil la historia del fracaso argentino. Los individuos promedio han perdido el entusiasmo por la Argentina, y cuando surgen líderes fundacionales, de tanto en tanto, los ignoran o no los votan, o no les dan cabida. Creo que ése, precisamente, es parte de la "historia de un suicidio" que plantea la novela, o el ensayo, como prefieras. Y creo que es eso, como sugerís en tu comentario, lo que tiene que cambiar. El surgimiento de líderes fundacionales que logren elevar el mediocre promedio argentino.
Abrazo y gracias otra vez por tu generosa reseña.