jueves, agosto 07, 2008

CHARLAS DE CAFÉ ...

[1] ¿Colapsa la educación pública? La "charla de café", esa costumbre bien porteña, es la oportunidad ideal para conversar sobre diversos temas de política, sociedad, economía y finanzas. Uno de los temas recurrentes es el estado de muchas escuelas y universidades públicas en Buenos Aires. Mi sensación es que la politización está provocando el colapso de la educación pública. (El mismo fenómeno se observa con la justicia). La educación pública ha perdido su espíritu. ¿Cuál es el espíritu del Colegio Sarmiento, del Nacional Buenos Aires, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA? Si existe, lo desconozco. La política lo ha eliminado. Piense en Harvard, Yale, Princeton, Leiden (en Holanda). El espíritu de estas casas de estudio —la excelencia— proviene de la motivación esencialmente religiosa de sus fundadores. La educación pública argentina no se arreglará con más presupuesto: la politización se encargará de hacer desaparecer rápidamente los (eventuales) nuevos fondos. El problema no es de naturaleza financiera. Veremos cada vez más escuelas y universidades católicas, evangélicas, judías, etc.

[2] O tempora, o mores. Una charla de café entre "cuarentones" involucra necesariamente un round de quejas contra la irremediable irresponsabilidad de los adolescentes. Son vagos, carecen de ambición, no leen, etc. Yo descuento el 95% de los argumentos: toda generación se imagina moralmente superior a la anterior. La verdad es que los jóvenes siguen aprendiendo, pero lo hacen de una manera que nos cuesta entender. Y no olvidemos el factor riqueza. Los "baby-boomers" venimos de familias numerosas: tengo tres hermanas y tres hermanos. Tuvimos que "matarnos" estudiando y trabajando para acceder a la propiedad. La demografía ha cambiado esta situación de manera notable. Muchísimos adolescentes —hijos únicos o con pocos hermanos— heredarán una impresionante cantidad de propiedad, algo imposible de imaginar para nosotros hace 25 años. La riqueza per capita está dando un salto fenomenal: los jóvenes lo saben muy bien. No son tan irracionales después de todo.

3 comentarios:

Capitan Cavernicola dijo...

Discutía algo parecido con unos amigos pero reemplazando adolescente por habitante de pais desarrollado, en donde parece que hubieran perdido el empuje que los llevo a ese lugar.

Después de cierto punto de bienestar la creacion de riqueza se desacelera?

Anónimo dijo...

Agustín:

No tengo tan claro que el carácter público esté en directa relación con el desastre educativo argentino: las universidades holandesas también son públicas. Las europeas -salvo el caso de UK- lo son en su mayoría. Creo que tal vez la respuesta esté más en la dicotomia pluralidad - centralismo. Pongamos como caso España donde hay un boom educativo e innovador (y mucha inversión pública). Se premia la competencia y las universidades catalanas y vascas (públicas en su totalidad) se encuentran hoy entre las mejores del sur de Europa, mientras que la Complutense de Madrid se aleja cada vez de los cánones de calidad internacional.
Creo que el espíritu de la pluralidad y la excelencia no necesariamente tiene una correlación directa con el carácter público. Quizás haya que empezar otra vez por discutir los incentivos a la innovación y la relación entre sociedad - universidad. Y, por supuesto, la competencia entre ellas. El caso Español quizás es un buen ejemplo para pensar. Por no recurrir otra vez al caso holandés.
Abrazo
Anónimo.

Agustin dijo...

Capitán. No pretendo tener la respuesta. Lo que no "compro" es el pesimismo excesivo. Los europeos tienen pocos hijos, están poco motivados para innovar & progresar, etc. Es bastante cierto. Pero son ricos! En todo caso, si efectivamente despilfarran la riqueza, habrá otro baby-boom!!


Anónimo. Tal vez doy a entender que público = desastre. No era la idea original. La justicia es pública, y creo que deber seguir siéndolo. El desastre es la politización de lo público. Porqué no "toman" las escuelas públicas en Holanda? Ik weet het niet! (no lo sé). Saludos, y hasta el martes.

Agustin.