sábado, agosto 09, 2008

LIBROS & ENSAYOS. TAMERLAN: BORGES & LA FRAGILIDAD DEL PODER DESPÓTICO
"Es autoritario, pero también es ineficaz" — Jorge Luis Borges

La fragilidad inherente del poder despótico es una constante en Borges. En "El hombre en el umbral" (El Aleph, 1949), el escritor relata el caso del juez David Alexander Glencairn: "llegó a ser un tirano" — y murió de manera ignominiosa. En una conversación registrada en julio de 1953 por Adolfo Bioy Casares, el poeta cuenta que conversó con "un mozo Goyeneche" (¿el Bebe Goyeneche?), que admiraba la inteligencia de Hitler y de Mussolini, porque habían dominado a todo un país. El comentario lapidario no tarda en llegar: "Parece que nunca se le había ocurrido que el propósito de querer dominar un país es una idea pueril" [1]. En un enigmático relato sobre Shakespeare ("Everything and nothing", El Hacedor, 1960), Borges llama la atención sobre "el hastío y el horror de ser tantos reyes que mueren por la espada".

La fragilidad del poder despótico aparece de manera explícita en dos poemas recopilados en El oro de los tigres (1972). Se trata de "Tamerlán (1336-1405)" y de "A un César". Tamerlán es el gran conquistador turco-mongol, que —según el muy buen artículo de la Encyclopaedia Universalis—, "sembró el terror a su paso, con un poder fundado sobre la fuerza militar y un (inestable) sistema jurídico que combinaba el legado de Gengis Khan y la ley sharia". Tamerlán, en otras palabras, jamás logra crear un "Estado viable". Leyendo el poema, notamos una clara progresión. El conquistador comienza por declarar que su reino "es de este mundo"; luego describe su poder sin límites:

Mi palabra
Más ínfima es de hierro. Hasta el secreto
Corazón de las gentes que no oyeron
Nunca mi nombre en su confín lejano
Es dócil instrumento de mi arbitrio.

Llegamos al climax cuando Tamerlán, tras describir sus proezas y su crueldad ("He elevado pirámides de cráneos"), se define a sí mismo como igual a los dioses y a los astros:

Soy los dioses.
Que otros acudan a la astrología
Judiciaria, al compás y al astrolabio,
Para saber qué son. Yo soy los astros.

De pronto, el tono del poema cambia. Tamerlán admite que las albas son "inciertas". Es decir: se instala la duda. Comienza el movimiento descendiente. El conquistador vuelve a enumerar sus poderes, pero sus últimas palabras —incluyendo los cruciales puntos suspensivos [2]— ilustran bien la precariedad de su situación:

Y yo soy Tamerlán. Rijo el Poniente
Y el Oriente de oro. Y sin embargo ..

(Tamerlán muere en enero de 1405 mientras prepara una expedición contra China). El poema "A un César" refleja de manera similar la angustia de un emperador romano, muy probablemente del siglo III, durante la gran crisis anárquica del imperio. El César sabe perfectamente que sus horas están contadas. Su posición es aún más frágil que la de Tamerlán — se ve obligado a consultar los auspicios:

Del toro yugulado en la penumbra
Las vísceras en vano han indagado.

Los presagios no producen resultado alguno. El violento final —el asesinato por el puñal— no puede estar muy lejos:

En el palacio tu garganta espera
Temblorosa el puñal. Ya los confines
Del imperio que rigen tus clarines
Presienten las plegarias y la hoguera.

[1] Adolfo Bioy Casares. Borges (Buenos Aires: Destino, 2006), pp.81-82.

[2] La escritora Odile Baron Supervielle, que conoció a Borges, me aseguró que el poeta era extremadamente puntilloso —valga la redundancia— en materia de puntuación. En este caso, los puntos suspensivos agudizan la sensación de incertidumbre y fragilidad.

[Borges en Mackinlay's: "Hengist Cyning: Borges & la fundación"; "Borges y el imperio de la ley"; "Notas de lectura [5]"; "Notas de lectura [4]"; "Un texto político semi-inédito de Borges"; "Notas de lectura [3]"; "Los conjurados"; "Notas de Lectura [2]"; ""Notas de Lectura [1]"; "Borges y Longfellow"; "Borges y la anaciclosis argentina"; "Carta al Financial Times: Mr. Gurría-Quintana's Borges"].

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