lunes, diciembre 17, 2007

NOTAS DE VIAJE. UNA PORTEÑA EN SINGAPUR (III)

Por Claudia Lago (*)

Un tema que me impresiona es la permanente búsqueda de la excelencia y la alegría con la que trabajan. Aparentemente estos valores son inculcados desde la escuela primaria. Una anécdota refleja el espíritu de trabajo.

De visita en uno de los mayores shopping centers de Orchard Road, terminé en un stand de 2X2 especializado en manicure. Las instalaciones parecían a simple vista perfectas pero el espacio era minúsculo para las 5 personas que trabajaban en el stand. Los estantes estaban llenos de productos de todas las marcas conocidas dispuestos de tal manera que constituían una tentación.

La dueña trabajaba en la contabilidad sin tener un escritorio fijo. Estaba obligada a permanecer parada con sus papeles cuando el stand se llenaba de clientas. Sin embargo no paraba de sonreír. Mantuvimos una breve conversación en la que me contó que hacía 7 años que tenía este negocio y que además administraba un restaurant vegetariano del cual era accionista!

Las empleadas -que contaban con un espacio mínimo para trabajar y ni siquiera tenían una conexión de agua- tampoco paraban de sonreír a los clientes y de charlar discretamente entre ellas. No parecía un clima forzado para impresionar a los clientes sino algo genuino.

Debido a la falta de agua, las clientas eran invitadas a pasar al baño del shopping para enjuagarse las manos. El baño estaba muy cerca del stand, por lo tanto nadie protestaba. Creo haber calculado que la facturación de este stand minúsculo no bajaba de €500 por hora.

En fin, no entiendo cómo todo podía transcurrir a un ritmo vertiginoso y a la vez en aparente armonía.

(*) Nota I; Nota II.

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