jueves, diciembre 01, 2005

FRENOS & CONTRAPESOS. DEMOCRACIA ESTADOUNIDENSE: EL SR. "D" TIENE RAZÓN (HASTA CIERTO PUNTO)
. Hamilton, Madison, Jay: The Federalist Papers

Un inteligente lector, que por momentos pierde el control y cede a la tentación del insulto, afirma que "no está del todo claro que la democracia funcione bien en los Estados Unidos de América". El Sr. "D" (así se identifica) tiene razón: este es un punto crítico para entender la naturaleza del gobierno en el país del norte ―y el desgobierno en los países del sur.

En las colonias americanas del siglo XVIII, la democracia no era considerada como algo necesariamente "progresista" en términos de los derechos individuales. La democracia ilimitada era a menudo vista como mob rule ("gobierno de patotas"), tendiente al desorden, a la anarquía y ―en última instancia― a su inevitable corrección por la vía autoritaria.

De hecho, si Madison logra convencer a Washington para participar en la Convención Federal de 1787 (dándole todo el prestigio de su figura), es porque el general entró en pánico al conocerse las noticias de la rebelión liderada por Daniel Shays en el oeste de Massachusetts a finales de 1786 (un movimiento bastante parecido al de nuestros piqueteros).

Gobierno mixto vs. democracia pura (el Colegio Electoral, etc.)
En el Federalista 39, Madison afirma que la naturaleza del gobierno estadounidense es de tipo mixta: parte federal, parte nacional. En buena medida, el esfuerzo de los constitucionalistas de 1787 busca complicar deliberadamente la estructura del gobierno para evitar toda "concentración monopólica de los derechos soberanos en las manos de un sólo órgano: el gobierno central" [1].

Este es un punto crucial: el monopolio del poder debe ser evitado a toda costa ... ¡Aún si proviene de una fuente democrática! En la formulación de Adams:

"El artículo fundamental de mi credo político es que el Despotismo (o Soberanía ilimitada), o Poder absoluto es el mismo ya sea en la Mayoría de una Asamblea Popular, en un Consejo Aristocrático o Junta Oligárquica, o en un sólo Emperador. Igualmente arbitrario, cruel, sanguinario y en todo respecto diabólico".

En la arquitectura institucional de los Estados Unidos, el freno "anti-democrático" más conocido es el Colegio Electoral. La cuestión saltó a la fama mundial tras la elección de George W. Bush en 2000. (También sucedió con John F. Kennedy contra Nixon en 1960). Otro de estos "frenos", menos conocido, está implícito en los requisitos para las enmiendas constitucionales.

Una enmienda requiere, entre otras cosas, la aprobación de 3/4 de los estados. Según un cálculo efectuado por Antonin Scalia, juez de la Corte Suprema, tomando los trece estados menos poblados (Montana, Oregon, etc), se podría dar el caso teórico de una enmienda deseada por el 97.5% del población, pero definitivamente rechazada ... porque el 2.5% restante vota en contra [2].

Conclusión: la democracia amansada, domada, domesticada
La constitución de 1787 sigue vigente: los Estados Unidos son la democracia más antigua del planeta. El Sr. "D" tiene, hasta cierto punto, razón: no es una democracia pura. Pero esto fue algo deliberado: la democracia era vista como un potro salvaje que debía ser domado. Estudiosos de la historia, Madison, Adams, Hamilton y compañía sabían que las democracias no "domesticadas" llevaban al desorden y a su inevitable corrección autoritaria.

Aquí "D" y muchos "progresistas" enfrentan un dilema: ¿Qué sistema defiende mejor la democracia, en última instancia? Un sistema mixto, o un sistema puro como los de América del Sur? [3]

[1] Thierry Chopin. La République "une et divisible". Les fondements de la Fédération amércaine. Paris: Plon, 2002, p. 241.

[2] Antonin Scalia. "How Democracy Swept the World", Wall Street Journal, 7 de Septiembre de 1999.

[3] La Argentina, al parecer, está entrando en un sistema que el presidente interpreta como de democracia pura: tras "ganar" las elecciones legislativas de 2005, pretende gobernar con su mujer (¡líder del Senado!) y con un par de amigos ...

4 comentarios:

Louis Cyphre dijo...

Estados Unidos no es una democracia plebiscitaria, es una república constitucional. Es un grave error analizar sus instituciones desde nuestra perspectiva netamente roussoniana.

Isidro Beccar Varela dijo...

Agustin,
Es un gusto leer tu blog. Mil felicitaciones!

Anónimo dijo...

Isidro: Dank je wel ("muchas gracias" en holandés). En algún momento va a ser necesario pensar en hacer un esfuerzo entre varios -- tipo The Corner. No es fácil: requiere un mínimo "acuerdo programático" (alguien lo tiene que redactar), y un editor con autoridad para ... editar. Ademas, habría que conseguir algun pez gordo (Cachanosky, Espert, Grondona). Así salio adelante la derecha en EEUU, con William F. Buckley y National Review. Para pensar...

Anónimo dijo...

Estimado Agustín: leer tu blog es un placer, y te agradezco que me permitas comentar en él, aunque lo haga en disidencia, a veces.

Con respecto a este tema, solo puedo agregar que en realidad, la democracia americana tiene algunos componentes que la acercan más a una democracia pura que la nuestra.
Nosotros tenemos un poder que está enteramente alejado de lo electivo, que es el poder judicial. Y por la manera en que funciona, ni siquiera se integra a la sociedad, como sí ocurre en EUA por el tema de los juicios por jurados. Y si no me equivoco, los americanos eligen a sus fiscales, ¿no? Bueno aquí no.
Y este poder-no-elegido es (debería ser) el gran freno que la constitución le pone al resto de los poderes, sí elegidos (aunque no por el pueblo, en muchos casos).

En realidad, la democracia funciona mejor (a mi humilde entender) en EUA que aquí. Saliendo un poco de la teoría, en la Argentina tenemos (o al menos, tuvimos durante mucho tiempo) una partidocracia camuflada, y lo que la gente elige en última instancia es lo que las corporaciones políticas ya digirieron. A veces, incluso, los partidos nos regalan con una elección abierta, en la que varios candidatos de un mismo partido se presentan en listas armadas al efecto, en una estrategia de monopolio que deslumbraría a los estudiantes de marketing.Y ni hablar de las listas sábana. ¿Es realmente el argentino un soberano? No lo creo.

Esto no significa que apoye (ni otorgue crédito) a las propuestas populistas de izquierda que se autoproclaman representantes de la voluntad popular, al estilo de "que se vayan todos, que gobiernen las asambleas".

D (de Despierto).