domingo, febrero 15, 2009

COLUMNA SEMANAL. ¿CUÁL ES EL ZEITGEIST?

Por Agustín Mackinlay (*)

Desde que estudio holandés, mi nivel de alemán ha ... colapsado. Tal vez el cerebro no permita la asimilación de dos idiomas relativamente parecidos para alguien (de cierta edad) formado en una cultura muy distinta. ¿Le sucederá lo mismo a un cuarentón sueco con el castellano y el italiano, o a un forty-something francés con el ruso y el ucraniano? De todas maneras, no he olvidado las tres palabras alemanas que toda persona culta debe conocer: Zeitgeist, Weltanschauung y ... Schadenfreude. Por Zeitgeist, la palabra que me interesa comentar hoy, se entiende el conjunto de convicciones e ideas generales dominantes de una época. ¿Cuál es nuestro Zeitgeist? Responder a esta pregunta puede ofrecernos la clave de las aspiraciones políticas de una juventud cada vez más conectada y globalizada — que pronto jugará un papel decisivo desde el punto de vista electoral. Para políticos del mundo entero, incluyendo la semi-aislada Argentina, saber posicionarse frente al Zeitgeist será un activo crucial. Como profesor en una de las universidades más "globalizadas" que sea posible imaginar, tengo la oportunidad de percibir las aspiraciones comunes de jóvenes holandeses, indonesios, búlgaros, rusos, griegos, coreanos, mexicanos ...

Recetas económicas vs. transparencia
En la imperdible columna semanal del Financial Times dedicada a almuerzos con personalidades del mundo de la política, arte y negocios, el periodista Gideon Rachman comparte en Davos un sándwich con Abhisit Vejjajiva, el primer ministro de Tailandia. Nacido en 1964, el Sr. Vejjajiva —más conocido como Abhisit— fue educado en Eton y en Oxford. Como señala Rachman, su curriculum se parece más al de un primer ministro inglés que al de un líder político tailandés. (Cuando suena el teléfono celular de Abhisit, uno adivina la voz de Prince). Hacia el final de la entrevista, el primer ministro proporciona una de las más claras definiciones de nuestro Zeitgeist: "... the true values of these times, which is all about human rights, participation, true democracy, transparency and good governance". Lo notable de esta definición es que viene justo después de una durísima crítica a Thaksin Shinawatra, el ex-primer ministro tailandés. Abhisit acusa a Thaksin de limitarse a ofrecer "recetas económicas", sin preocuparse por la democracia, la transparencia, la gobernanza. ¡Ahí está el Zeitgeist!

El Zeitgeist descoloca tanto a los partidarios de simples recetas económicas como a los dinosaurios del pseudo-progresismo. Cuando el Sr. López Murphy le explica a los obreros de Arcor las bondades del superávit fiscal, está tan alejado del espíritu de la época como el Sr. Kirchner y su gestión autoritaria y poco transparente. De regreso de China, Mauricio Macri intenta en vano contagiar su entusiasmo por el crecimiento económico: la gente percibe —correctamente— que una receta económica de corto plazo no llegará muy lejos si no viene acompañada de transparentes soluciones de gobernanza. Por otra parte, el hartazgo generado por la promesa de milagros económicos à la Menem-Thaksin no significa carte blanche para un autoritarismo "progresista" igualmente démodé. Nuevamente, Gideon Rachman nos ofrece la perfecta ilustración. Caminando por Hebron, Rachman le pregunta a una mujer palestina, emprendedora-vendedora del mercado local, su opinión sobre Hamas. Si el grupo islamista se impone en Cisjordania, como lo hizo en la franja de Gaza, será una catástrofe para las mujeres: "Me obligarán a cerrar mi puesto", dice la vendedora. Ahí está, nuevamente, el Zeitgeist definido por Abhisit: derechos humanos y participación.

En la Argentina, el esquema del autoritarismo "progresista" está haciendo agua. La mayoría de los columnistas se refiere abiertamente a la era post-kirchnerista que se avecina. Conversaciones anecdóticas con jóvenes parecen confirmar el hartazgo por una forma de gobernanza que no resulta en mejoras educacionales ni económicas. Más que una búsqueda del "centro" político, el Zeitgeist es ... un pragmatismo. Los jóvenes exigen soluciones que mejoren la efectividad del gobierno; pero desconfían visceralmente de la ausencia de transparencia que a menudo acompaña el accionar de los políticos. Mientras tanto, un proceso de extinción à la Darwin amenaza a ideas antes vistas como de derecha o de izquierda, hoy descartadas por inefectivas: la auto-regulación de la banca, el dólar como única moneda internacional de reserva, la politización de los sistemas judiciales y educativos, las trabas a la conectividad y a la libertad de expresión. Nuevamente, lo importante no es el origen ideológico de estas ideas: es su desacuerdo con el Zeitgeist.

(*) Associate professor de International Political Economy, Universidad de Leiden (Holanda). Drs. en Humanidades, Universidad de Amsterdam (cum laude); Advanced Studies in International Economic Policy Research, Kiel Institut für Weltwirtschaft. Premio Roosevelt Study Center 2006; Premio LA NACIÓN 1989 y 1991. Estoy publicando El Enigma de Mariano Moreno. Fundación y Equilibrio de Poderes en la Era de las Revoluciones (más información pronto). Mi dirección de e-mail es: agustin_mackinlay@yahoo.com. Columnas anteriores: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11,12, 13, 14, 15, 16, 17.

2 comentarios:

Marta Salazar dijo...

gracias Agustín!

kop_op dijo...

Leí con atención tu columna de hoy, Agustín. Un primer ministro levantando un dedo ¡a su propio presidente! es para sacarle el sombrero. Aunque le sugieran que renuncia a su cargo, como ocurriría en algunos otros países, ya contribuyó a que se tome conciencia del Zeitgeist (no sé cómo escribir letra cursiva aquí).

En cuanto a tu estudio del alemán teniendo ya conocimientos del holandés, un fenómeno que se presenta mutuamente en decenas de idiomas, son los "falsos amigos", verdaderos escollos a cualquier edad (excepto cuando uno tiene la suerte de nacer bilingüe).
En español los hay no sólo con otras lenguas latinas, sino también con el holandés. Se me ocurre el simple ejemplo del Cabo de Hornos, cuyo nombre original es Kaap Hoorn (de donde provenían los descubridores. Si no conoces esa ciudad, te recomiendo un paseo).

Un saludo,
Federico